domingo, 25 de noviembre de 2012

Capítulo 9.


Me callo repentinamente y me sonrojo. ¡Es muy guapo! Creo que tiene mi edad y me saca una cuarta de estatura, más o menos. Es rubio, aunque más bien tirando a castaño. Y tiene unos preciosos ojos azules. Los más bonitos que he visto en mi vida. Noto que me sonrojo e intento que no lo note, así que miro hacia otro lado, para evitar mirarle a los ojos.
-Perdona, pero tengo mucha prisa. - Dice el chico con un acento muy marcado.
¡Será...! Yo también tengo prisa, y además, llevo un cuarto de hora como para que ahora venga alguien y se adelante. Me cabreo más de lo que estoy y le digo:
-Pues toca esperar, como todo el mundo lo hace. ¿O acaso tú eres alguien especial?
El chico me mira sorprendido y sonríe. Vaya, otra vez me he puesto colorada. ¿Por qué hace eso? ¿Quiere intimidarme o algo?
Sin querer, por culpa de mi carácter, he formado un pequeño alboroto, así que el gerente del restaurante, viene a ver qué ha ocurrido y cuando nos ve, me mira con mala cara a mí y al chaval le mira con una cara como si hubiera visto a Dios. ¡Estoy indignada! Pero a pesar de todo, espero que el gerente me entienda cuando le cuente la historia, así que empiezo...
-Mire, señor, llevo un cuarto de hora esperando aquí y tengo que volver a mi casa rápido, y viene este chico - digo mientras miro al gerente y señalo al chico - como si fuera Dios y se ha colado. 
El chico se limita a observarme mientras hablo. ¿Por qué me mira tanto? ¿Acaso tengo monos en la cara o algo para que me mire así? No puedo evitar sonrojarme, ya que me da muchísima vergüenza que me miren. Sin poder controlar mi furia, le suelto:
-¿Miras algo en especial?
Esta pregunta le sorprende y aparta su vista de mi y puedo llegar a ver que las comisuras de su boca se levantan formando una bonita sonrisa. Sin evitarlo, sonrío un poco pero cuando me doy cuenta vuelvo a poner una cara que demuestre mi descontento.
El gerente me mira con cara desagradable y me dice:
-Lo siento, erm, señorita... Pero este chico es cliente preferente de nuestra cadena de restaurantes y por eso, nuestro trato hacia él tiene que ser mejor. 
¡Vaya morro tienen estos dos! 
-Me importan un comino si es preferente, como si quiere ser el príncipe de Inglaterra. - digo, mientras escucho que el rubio molesto suelta una carcajada.
-Si no se calma, le tendremos que echar de este local. Y si es tan amable, póngase detrás de nuestro cliente y espere.
Sin decir nada más, el gerente se marcha y el 'cliente preferente' me guiña un ojo. ¡Qué morro tiene este chaval encima! Pero como no puedo hacer nada más, me quedo callada y esperando detrás de él hasta que acabe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario